Racismo y Discriminación en la Argentina
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El concepto de discriminación
Así como la Argentina fue desde mediados del siglo pasado y durante casi cien años la "tierra prometida" para los inmigrantes europeos y de Medio Oriente, desde hace unos años lo es para un cada vez más importante número de personas provenientes de los países vecinos. Esto tiene que ver con la pobreza reinante en esos lugares, pero también con un trasfondo cultural e histórico común entre nuestros pueblos. Estos inmigrantes de Bolivia, Paraguay, Chile o Perú consideran natural venir a nuestro país porque hablamos un mismo idioma, tenemos tradiciones compartidas, una religión que también es la misma en la mayoría de los casos y un territorio contiguo, en el que las fronteras muchas veces son una mera línea trazada en un papel. El hecho de que nuestra economía ofrezca un desarrollo más sostenido, con perspectivas posibles de mejoras en los ingresos y en la calidad de vida, completa el conjunto de condiciones atrayentes.
Desde el fondo de la historia vienen voces que son más o menos escuchadas de acuerdo con las circunstancias políticas; las voces (y el ejemplo de sus acciones) de hombres como San Martín, Bolivar, Sucre, el propio Perón y tantos otros, que lucharon por una común patria latinoamericana.
"Con el Mercosur estamos inmersos en el más importante proceso de integración económica que se haya impulsado en América Latina desde la guerras de la independencia" . Con éxito innegables en todos los terrenos, el Mercosur permite generar expectativas hacia la construcción de una nueva Nación. De pronto, estamos impensadamente en la ruta de San Martín, Artigas y Bolívar. Con el crecimiento económico se acentuará el proceso inmigratorio en todas direcciones. Seguirán llegando a la Argentina pobladores de otros países latinoamericanos con su rasgo más visible --su condición de morenos-- a espantar las "buenas conciencias", que se ven frente a una invasión, a veces denostada, pero siempre aprovechada con un sentido práctico.
De la misma manera miles de argentinos avanzan hacia San Pablo, Río de Janeiro y Bello Horizonte para entremezclarse en el verde Brasil.
Pero esta movilidad, de positivo signo desde el punto de vista de la integración, tiene también su costado oscuro. En los meses de marzo y abril de 1998 hubo una información escasamente valorada por los medios masivos de comunicación, quizá porque se estaba en vísperas del campeonato mundial de fútbol de Francia y había otras cuestiones de "política mayor", supuestamente más interesantes. Se había descubierto la sistemática compra de niños bolivianos de diez a doce años de edad, a veinte pesos por cabeza, para ser ingresados en la esclavitud laboral.
Las declaraciones de los "asombrados" vecinos de la fábrica donde "vivían" y trabajaban estas criaturas fueron sorprendentes: afirmaron no haber visto nada raro en el lugar, con lo que no hicieron más que confirmar aquella afirmación de El Principito, quien decía que "lo esencial es invisible a los ojos".
Y hay otra cuestión para tener en cuenta: donde hay uno que compra hay otro que vende; en este caso los padres de los niños. Ambos extremos de la operación comercial confirman un alarmante estado de deshumanización, que de ninguna manera puede presentarse como un hecho aislado.
Como tampoco es casualidad, ya que nos estamos refiriendo a los inmigrantes bolivianos, un hecho histórico que dejará estupefacto a más de uno: me parece conveniente destacar que el primer presidente argentino fue un boliviano. Efectivamente, don Cornelio Saavedra, Comandante del Regimiento Patricios de la ciudad de Buenos Aires, héroe de la resistencia durante las invasiones inglesas y Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno del 25 de Mayo de 1810, había nacido en Potosí y estudiado en Chuquisaca, junto con otros destacados intelectuales de esa época revolucionaria.
Cuando Bolivia quedó excluida de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Saavedra quedó en la historia interesada que nos han enseñado como un "porteño conservador". Pero se trata de una realidad muy ilustrativa respecto del pasado común que tenemos todos los pueblos latinoamericanos y que debería contribuir a que se piense con un poco más de interés en el tema de la Patria Grande. Este cimiento común de nuestros países tendrá una importancia fundamental en un futuro; si no es compartido, nuestros países quedarán condenados a un mediocre destino insular, de gente que aspira a ser mera fotocopia de los ciudadanos de los países llamados "centrales".
A pesar de que esta profunda relación que une a las naciones latinoamericanas es evidente, la "cultura oficial" se ha empeñado en ignorarla. Es más, por todos los medios se ha tratado de crear la idea contraria. Hay, por ejemplo, un pensamiento al respecto notoriamente falso, pero que se ha repetido hasta el cansancio y es considerado como "verdad indiscutible". Se trata de un dicho atribuído a Jorge Luis Borges: "los argentinos descendemos de los barcos". Pero si pensamos un poco en el asunto, nos daremos cuenta de que no todos descendemos de los barcos. Hemos hablado de la inmigración latinoamericana y sabemos que bolivianos y peruanos tienen los mismos problemas para integrarse en nuestra sociedad que chaqueños o correntinos, o la gente de los pueblos originarios. Los hijos de los que descendieron de los barcos discriminan en muchos casos a los recién llegados y se olvidan de que todos integramos esta sociedad, que es la Argentina.
¿Acaso no fueron asiáticos los primeros pobladores de América, que llegaron por el estrecho de Bering? ¿Tiene en realidad importancia quién llegó antes o quién después?
Esta manipulación del pasado y de la realidad actual de nuestros países tiene, es cierto, razones ideológicas y económicas, pero revela también la existencia de sentimientos discriminatorios y racistas: se pretende pertenecer a una cultura que se considera superior, aunque no sea la propia.
La historia ha enseñado que estos conceptos discriminatorios son un camino peligroso, porque nunca se saben dónde terminan. Un ejemplo extremo de hasta dónde pueden llegar fueron las prácticas racistas y xenófobas que se registraron durante la Segunda Guerra Mundial. Al respecto, escribió Theodor Adorno: "La exigencia de que Auschwitz no vuelva a ocurrir es el primer principio de toda educación, nos ruboriza hasta tener que plantearlo, precede necesariamente a cualquier otra, que ni creo ni debo tener que fundamentar...Tener que fundamentarlo resulta algo monstruoso, habida cuenta de la monstruosidad que fue. Ahora bien, si esa exigencia y los interrogantes que plantea encuentran tan escaso eco, es señal que lo monstruoso no ha removido lo más profundo del hombre, es un síntoma de que subsiste la posibilidad de su repetición, al menos en lo que afecta al estado de conciencia o de inconsciencia del hombre...Se habla de la amenazante recaída en la barbarie. Pero tal recaída ya lo fue Auschwitz".
Varias décadas después de esa reflexión, las "recaídas" se han multiplicado hasta nuestros días, ilustradas con el empleo de letales armas químicas en distintos conflictos bélicos: los miles de cadáveres encontrados en fosas comunes en Sebrenika, a consecuencia de la guerra de Bosnia; matanzas más recientes en la zona de los Balcanes; muertos y emigraciones masivas en Africa por las guerras tribales; la violación como arte de la guerra para desmoralizar al enemigo y diluir su identidad racial; hasta el conflicto entre La India y Pakistán, en el que las partes se amenazan con bombas atómicas...
Estos son sólo unos pocos ejemplos en los que emergen el racismo o la xenofobia en toda su crudeza. Es una muestra de las distancias que se establecen entre los pueblos y entre los hombres, por el rechazo a lo que entienden como diferencia de unos respecto de los otros.
Los casos citados, ubicados en el terreno de la tragedia, pueden ser considerados como el peldaño superior de una escala que comienza en la vida cotidiana de los individuos, con el rechazo al otro, al que es diferente, al que es distinto, por tener otro origen, otro color de piel, otra contextura física, pertenecer a una determinada religión o no tenerla, padecer una discapacidad, ser homosexuales o enfermo.
El rechazo a "los otros", en determinadas condiciones sociales y políticas, como caldo de cultivo, puede dar origen a movimientos masivos de repudio a los "diferentes" o "extraños", con consecuencias de agresión, violencia y deshumanización generalizada. La lista de víctimas posibles puede volverse interminable, de acuerdo con las condiciones sociales e históricas concretas de cada país o región.
Pero en el principio de todos estos males está la discriminación.
¿Qué es discriminar?
Se considera a la discriminación como el comportamiento negativo con respecto a los miembros de un grupo diferente, hacia el cual se tienen prejuicios y estereotipos determinados. Es razonable pensar que "en el principio" fue la discriminación lisa y llana el inicio de la escalada, que se alimentó de sentimientos etnocentristas, xenófobos o incluso racistas, sustentados siempre en los prejuicios. Dice un antiguo proverbio copto : "si dejas entrar al zorro judío en tu gallinero, te comerá vivo".
La Organización de las Naciones Unidas define a la discriminación como la actitud de negar a individuos o grupos una igualdad en el trato que ellos desearían disfrutar; por ejemplo, cuando se niega a los miembros de un determinado grupo el derecho de integrarse a un barrio, ciudad, trabajo, escuela o país. O de conservar sus tradiciones religiosas y culturales.
En el boletín de noticias de la Comisión Islámica de España, del mes de mayo de 1998, la Comisión Islámica de Melilla, integrada en la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, denunció al ministro de Sanidad y Consumo la discriminación que sufren los musulmanes melillenses en el Hospital público de Melilla, África española, y la falta de respuesta del Director Gerente de dicho centro hospitalario.
La Comisión Islámica de Melilla (CIM) ha solicitado en repetidas ocasiones a los distintos gerentes del centro la habilitación de este lugar para la oración, sin haber recibido ninguna respuesta al respecto, mientras que la comunidad católica dispone de una capilla. Considera la CIM justificada su petición al indicar que "un buen porcentaje de los enfermos de este hospital son ciudadanos españoles musulmanes y existe un agravio comparativo importante y una discriminación anticonstitucional ya que los pacientes de religión cristiana cuentan con una capilla y los musulmanes, no".
La CIM solicita la intervención personal del ministro de Sanidad y Consumo con el objeto de "favorecer el clima de convivencia y terminar con este trato discriminatorio contrario a la constitución de nuestro país".
Algunos autores europeos consignan la existencia de discriminación, xenofobia o racismo, ejercida en contra de los residentes provenientes de los países latinoamericanos en Europa y Estados Unidos, si bien señalan que, para algunos de estos discriminados, las condiciones en que viven en Europa y los Estados Unidos, son mucho mejores que aquellas en que viven los grupos que sufren discriminación en el interior de esos mismos países.
En general, se habla en este caso de discriminación respecto de las comunidades indígenas originarias, un fenómeno muy visible en Latinoamérica. En el curso de este trabajo nos adentraremos en las causas que permiten la existencia de este fenómenos.
"Racismo y Discriminacion en Argentina"
Editorial Catálogos Buenos Aires 2000
Editorial del Congreso NAcional de México 2001
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