Racismo y Discriminación en la Argentina
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El racismo y el antirracismo.
"Pero yo lo alerté. Cuidado con los que ahora lo ven alto, rubio y de ojos azules!".
Bernardo Neustatd
" Cuando uno va a la cancha con complejo superioridad, pueden llegar unos cuantos nigerianos, o unos cuantos paraguayos, y ponerte en tu sitio"
José María Aznar
Después del fracaso de España en el Mundial de Francia:
El termino "racismo" es ambiguo . Los primeros clasificadores, como Linneo sostuvieron que hay cuatro razas: la blanca: europea; la negra: africana; la roja: americana y la amarilla: asiática. Posteriormente varios antropólogos y estudiosos propusieron distintas clasificaciones basadas en combinaciones de caracteres llegando a encontrar veintinueve razas. Actualmente algunos autores señalan tres grandes grupos humanos: caucasoides, mongoloides y negriodes que se descompondrían en en multiples razas y sub razas. Por nuestra preferimos el criterio étnico y no racial para clasificar al hombre y su comportamiento social. Dijo el Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y compartimos plenamente este concepto:
"Hay una sola raza. La raza humana".
La repetición permanente de actitudes como la discriminación, la xenofobia y el racismo es uno de los dramas de nuestro tiempo, en tanto implican acciones que dividen a los hombres y a los pueblos y que, en definitiva, empobrecen la vida humana. La historia de nuestro país y el simple análisis de la realidad actual a través de las noticias cotidianas nos habla del resurgimiento incesante, en el mundo de los fenómenos que nos proponemos analizar. Una manifestación extrema de esta actitud de discriminación generalizada por parte de las conducciones políticas y económicas del país se vivió hacia la mitad de este siglo, cuando el dirigente político Ernesto Sanmartino acuñó la calificación de "aluvión zoológico", para designar el ingreso masivo en Buenos aires de argentinos procedentes del interior, que se convirtieron en obreros industriales en la década del cuarenta y que fueron el basamento del movimiento político creado por el General Perón. Eran los llamados "cabecitas negras", mestizos de español e indio, aún hoy considerados en muchos casos como ciudadanos de segunda categoría, en un conglomerado social ensanchado permanentemente por la presencia de inmigrantes que vienen de los países limítrofes, bolivianos, paraguayos y chilenos, en la mayoría de los casos. Del racismo no se salvó ni el Presidente Carlos Menem. Todas esta manifestaciones siguen teniendo en la actualidad una lamentable vigencia. Al respecto, resulta ilustrativo rescatar la confesión del periodista Bernardo Neustatd -que tiene un costado que hoy podría parecer risueño si no desnudara un sistema de falsos valores que permanece vivo en algunos sectores y grupos sociales argentinos- acerca de la visión que él tenía sobre Carlos Menem cuando éste era candidato a Presidente.
"Tuve muchos prejuicios" recuerda Neustatd. "A la gente que no lo había votado le produjo asombro, como a mí, un señor con patillas, negrito, turco y con zapatos blancos. No le creía. Cuando vino a mi programa antes de las elecciones, lo agredía en los intervalos. Creo que fue la vez que más perdí la consideración".
Interrogado acerca de si su actitud fue de prejuicio o discriminación, el comunicador dijo:
"Un poco de todo. Cuando lo vi entrar, creí que otra vez se me iba el país de las manos, que íbamos a pasar otros cuarenta años de estatismo, de país cerrado. Con él perdí mi condición de periodista equilibrado. Vuelvo a ver el programa y me da vergüenza..."
Neustatd reconoce que luego Menem hizo muchas cosas buenas y modernizó a la Argentina.
"Pero yo lo alerté. Cuidado con los que ahora lo ven alto, rubio y de ojos azules!".
Con una reacción simétrica contra su prejuicio inicial, el periodista da a entender que mucha gente, entre las cuales ya no se incluye, sólo puede aceptar como dirigente del país a un político que sea alto, rubio y de ojos azules, ¡¡a imagen y semejanza de los presidentes estadounidenses de las películas de Hollywood!! ¿Somos todos culpables? En su libro Racismo y Occidente, Christian Delacampagne distingue al etnocentrismo y la xenofobia del racismo: "A diferencia de éste, el etnocentrismo -actitud que consiste, para un individuo, en considerar su etnia, o sea su entorno sociocultural, superior a cualquier otra- y la xenofobia--actitud vecina de la anterior que consiste, para un individuo, en despreciar a los miembros de otra etnia en razón de su inferioridad sociocultural- no implican en profundidad ninguna afirmación de orden biológico y en consecuencia ninguna referencia a una ciencia o seudociencia, sea la que fuere". Esta diferenciación es oportuna porque ayuda a comprender que, cuando se afirma la causalidad entre lo biológico y lo cultural y se atribuye al grupo juzgado un carácter de peligro inminente para la supervivencia de la "civilización superior", el paso siguiente es justificar la transformación de la xenofobia en racismo y en prácticas violentas, con consignas como la de "solución final" de los nazis para el "problema judío" o de "limpieza étnica" en los Balcanes de nuestros días. A más de medio siglo de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, se sigue discutiendo sobre la responsabilidad del pueblo alemán en la exterminación de judíos por parte del nazismo. En su libro "Los verdugos voluntarios de Hitler; los alemanes corrientes y el Holocausto", el historiador norteamericano Daniel Goldhagen sostiene que los alemanes en su conjunto fueron cómplices de la masacre. El trabajo ha provocado no pocas discusiones en Europa y los Estados Unidos y ya han aparecido tres libros para polemizar con su autor. Goldhagen afirma que la "solución final" había sido aceptada inconscientemente por el pueblo alemán mucho antes de que Hitler llegara al poder con la difusión permanente de ideas racistas. "La matanza de los judíos no fue el acto de una minoría fanática, sino un proyecto nacional, respaldado sólidamente por el sentido común alemán", sostiene. Entre los argumentos que esgrime el autor, está la actuación del Batallón 101 de Policía, que se desplazó por el este de Polonia aniquilando a la población judía. Ese batallón no estaba integrado por nazis seleccionados sino por hombres elegidos al azar, en general de mediana edad o jóvenes sin familias, que no habían ingresado en el ejército por diversas razones. Se trataba de alemanes "comunes y corrientes". Según Goldhagen, con su actividad criminal, estos hombres habrían hecho realidad un deseo profundo alojado en el inconsciente de varias generaciones de sus compatriotas. Los críticos de Goldhagen refutan el argumento señalando que el propio autor señala un comportamiento "más equilibrado" en el trato a los judíos por parte de los miembros de las SS. De esta manera, los asesinos del Batallón 101 resultarían individuos con estados mentales alterados, un grupo de personas que, reunidas circunstancialmente, liberaron crueles instintos de destrucción, pero que no serían representativas del conjunto del pueblo alemán. Otros autores alemanes, en cambio, han elogiado al libro de Goldhagen porque sirvió para sacudir el conformismo de aquellos que afirmaron no conocer el alcance real de la "solución final" y que, en términos generales, no compartían todas las políticas del nazismo. No faltan, por último quienes ven en el trabajo del historiador norteamericano un intento de levantar el prestigio del sionismo y del Estado de Israel, frente a las críticas a la actuación de los israelíes en los territorios árabes ocupados. Por nuestra parte, no compartimos el criterio absolutista de Goldhagen, pero nos parece importante subrayar que una manifestación de racismo violento y en gran escala no puede responder al simple extravío de unos pocos. Tiene que existir una base cultural, una actitud resuelta por parte de los grupos dominantes, una ideología justificatoria y una tradición apropiada que avalen las acciones racistas y que arrastren al resto de las voluntades, como también una derrota previa de los sectores democráticos. El racismo es una mascarada de los grupos oligárquicos que ven peligrar sus tradicionales privilegios y están dispuestos a todo para mantenerlos. Racistas Criollos Una banda de "skinheads" (cabezas rapadas) agredió a un joven de apellido Salgueiro en la presunción de que "se trataba de un judío". La respuesta de la sociedad fue terminante: los neonazis criollos fueron rápidamente juzgados y condenados . Con la ley antidiscriminatoria y sus variantes judiciales se puede reprimir y condenar, pero de ninguna manera se podrá terminar con el racismo y sus variantes activas. La represión y la presión no terminará con estos grupos. Sin una política cultural adecuada la represión corre el riesgo de actuar como un disparador de estas conductas. A diez días de la condena a los agresores del joven mencionado, treinta nazis con sus camisas negras, sus brazaletes y los brazos en alto saludando al estilo hitleriano desafiaron a los jueces y a la policía que miraba el espectáculo. Es verdad que estamos refiriéndonos a una minoría cuyas ideas e intereses no son conciliables con los de otras minorías ni, desde ya con los de las mayorías.
"Las leyes son capaces de reprimir las medidas mas sangrantes, pero son impotentes frente a la generalización de los prejuicios racistas" .
Se han observado vínculos de estos grupos, como no podía ser de otra manera, con sectores retirados de las Fuerzas Armadas ligados al ex almirante Emilio Massera. Siguiendo la fundamentación de Freud en "El malestar de la cultura ", podría afirmarse que en estos individuos predomina la "pulsión de muerte" sobre la pulsión de vida. Los mueve el odio racial y la convicción ilusoria de que forman parte de una "raza superior" a la que no pueden siquiera definir, en un país como la Argentina y una ciudad como Buenos Aires, donde la característica demográfica dominante ha sido la integración armónica de los inmigrantes que han llegado a constituir la propia clase social a la que pertenecen estos "skinheads". Se trata, en realidad, de meras copias de fenómenos europeos, que se expresan a través de cierta música, cierta vestimenta, una vocación por el aislamiento y un determinado aspecto personal, con la calvicie autogestionada. De todos modos, ni las autoridades ni los ciudadanos deben pasar por alto estas manifestaciones de intolerancia. Por el contrario, es necesario estar alertas ante el desenvolvimiento de minorías agresivas, que ya pasaron de lo pintoresco. En cierto sentido, podría decirse que los "skinheads" criollos son también una consecuencia no querida de la globalización, un subproducto del capitalismo excluyente con las tara autóctonas sustentadas con enérgica imbecilidad. Como señaló un agudo pensador: "no hay nada mas peligroso que la ignorancia activa". Se torna difícil debatir con racistas confesos, porque no nos encontramos ante una ideología racional o con algo que se parezca a una doctrina seria: nos encontramos con individuos que actúan por impulsos. "Por eso no puede ser criticada y mantenida a raya con argumentos racionales".
Los "peores "y los "mejores" Guy Sorman, en su reciente y fundamental libro "El Mundo es mi tribu", cita escritos de Charles Darwin (cuadernos editados en Londres en 1838), en los que el investigador describe a los indios fueguinos (yámanas):
"Las criaturas más abyectas y miserables que jamás viera" (...) "embadurnaban de blanco sus rostros repelentes, su piel era sucia y grasosa, sus cabellos una maraña, sus voces eran disonantes, su idioma inarticulado, sus gestos violentos, carentes de dignidad" (...) "su instinto merece ser comparado con el del animal".
Reconocía, eso sí, que eran hábiles para la caza y la pesca. Después de citar alguna otra capacidad de los indios aceptada por Darwin, Sorman consigna:
"Estas fórmulas ambiguas suponen que su naturaleza profunda sigue siendo distinta a la del europeo. ¿Dos especies por tanto? Darwin observa la
"notable capacidad de los indios para imitar los gestos de los ingleses y repetir sus frases".
Pero imitar no es aprender y remite, al igual que el instinto, al animal, más que al humano. Nace el racismo moderno con pretensiones científicas; en adelante sus prejuicios se fundarán sobre una base "científica" concluye Sorman. Nada menos que el autor de la teoría de la evolución, un investigador que revoluciónó los conocimientos científicos de su época, y a quien Carlos Marx dedicó su obra fundamental, El Capital, condenaba en sus estudios a los indios como una suerte de "subespecie" destinada probablemente a desaparecer. Dicho sea de paso, los indios que Darwin estudió se extinguieron, pero ese acontecimiento tuvo más que ver con la acción de los conquistadores en esas tierras que con las supuestas debilidades biológicas de los autóctonos. La conquista de América ha sido motivo de debate. Hay una gran controversia ideológica e historiográfica sobre el rol que tuvieron los conquistadores y la acción de la Iglesia. Desde sectores del marxismo tradicional y aún desde ciertas posturas cristianas, se sostiene que la Conquista fue un genocidio racista y discriminador. La "Leyenda Negra" inglesa contra España dejó mucha documentación al respecto. Pero, como enseñó Aristóteles, la virtud debe buscarse en el justo medio. Ni la "Leyenda Rosa" del hispanismo ni la versión imperial británica fueron absolutamente ciertas. Distintos autores coinciden en señalar que el racismo considera legítima la subordinación, explotación y rechazo de ciertos sectores, mediante el argumento de que el grupo despreciado es biológica, genética y culturalmente inferior. Se entiende que hay una relación directa entre lo genético y la capacidad intelectual de los individuos, condición compartida por todos los integrantes del grupo en cuestión. Ese razonamiento permite entonces establecer una jerarquía entre las razas, en base a la "calidad" del patrimonio genético, autorizando "naturalmente" a subordinar a sus intereses e ideas a las menos favorecidas. Pero, desde la antropología se ha subrayado que en el seno de la humanidad las razas no existen. Los investigadores prefieren suprimir el término raza, por su contenido difuso, suplantándolo por el concepto de etnia, más ligado a lo cultural. A su vez, infinidad de investigaciones de psicólogos hechas sobre diferentes pueblos no han encontrado ninguna característica inherente a alguna de las llamadas razas. Buscaron y buscaron, pero no encontraron pruebas de mentalidades innatas en negros, judíos o japoneses. De todas maneras, no hace mucho un cable periodístico, de una fuente indescifrable, informaba al mundo que:
"grupos fundamentalistas islámicos están preparando una bomba químico-genética que eliminaría sólo a judíos".
Muchos diarios serios de Buenos Aires publicaron la noticia.
La UNESCO sentó doctrina:
"Los grupos nacionales, religiosos, geográficos, lingüísticos y culturales no coinciden necesariamente con los grupos raciales y los aspectos culturales de estos grupos no tienen ninguna relación demostrable con los caracteres propios de la raza ".
Se define entonces la identidad étnica como una versión no biológica de la identidad racial: se trata, en el caso de los individuos, de una actitud personal positiva de integración con un grupo con el cual se comparten características socioculturales y lingüísticas. Los estudios biológicos han destruido todas las concepciones "científicas" del racismo. Aunque todavía quedan muchos exponentes de esas teorías que se niegan a ver la realidad.
"Yo no soy racista, pero nuestra doctrina considera que los negros son seres que tienen ese color de piel debido a su imperfección. Cuando se vayan purificando irán volviéndose blancos. Del mismo modo, los blancos que no son buenos se reencarnan con la piel oscura, incluso completamente negra."
La curiosa tesis pertenece a Jeff Hanks, un misionero de una comunidad de la iglesia Mormona de Estados Unidos . Pero en la mayor parte del mundo han quedado de lado las ideas simplistas sobre "razas humanas puras", el determinismo genético de los caracteres raciales, una escala de jerarquías raciales y la idea de que el mestizaje produce degradación física y moral. En la actualidad, las argumentaciones para justificar las prácticas agresivas hacen hincapié en las diferencias culturales. Sobre la base de esas diferencias culturales se persigue a grupos cuyas formas de vida, tradiciones y costumbres se consideran incompatibles, más salvajes o inferiores que las del país receptor de inmigrantes o del grupo dominante en una sociedad respecto de grupos minoritarios. Las actitudes segregacionistas y xenófobas terminan por confundirse en la práctica con el racismo propiamente dicho, con el mismo sustento de las diferencias culturales. El racismo se entremezcla hoy con la xenofobia de acuerdo con las necesidades de los sectores dominantes. El racismo es la punta de lanza actual del neocolonialismo. Una consigna del neonazi francés, Jean Marie Le Pen lo explicita:
"El racismo es hoy el patriotismo francés"
Sobre Le Pen y los dirigentes del Frente Nacional, señala Edgardo Cozasrinsky que:
"no cabe esperar que saquen sus conclusiones, pero de quienes los votan (clase baja, desempleados de larga data, ex sindicalistas, comunistas ávidos de protección estatal, un resto de la derecha tradicional que apoyó al régimen de Vichy) alguno, desde el fondo del resentimiento y el desamparo ante la mundialización, piense que tal vez Francia, finalmente ha logrado la Copa de Oro del Campeonato Mundial de Futbol, se lo debe a los inmigrantes ".
Los racistas, los neonazis, los intolerantes, aparecen generalmente como la expresión irracional y brutal de un sistema basado en la exclusión de un gran número de personas de los beneficios del progreso económico y cultural: los "diferentes" no merecen estar dentro del sistema. La vigencia de una figura histórica como la de Adolf Hitler no es casual. Declararlo demente es una ingenuidad peligrosa, ya que se trató del emergente monstruoso de un sistema que también se basaba en la exclusión de sectores de su propia sociedad y de las sociedades que pretendió conquistar. Un criterio sobre la exclusión que llevaba al extermino liso y llano de los "distintos". El personaje murió hace más de cincuenta años pero aún lo estamos discutiendo. Y aparecen discípulos en distintos países del mundo, como Alemania, Francia o Rusia, donde incluso tienen estructuras electorales poderosas y encierran un riesgo potencial para esas naciones. Nunca es ni será ocioso explicar lo que fue el Holocausto. Si, con el paso del tiempo, terminamos por considerar esas matanzas como una fábula judía o, simplemente relativizando su magnitud, estaremos alentando, por omisión, el resurgimiento de nuevas formas de nazismo. Racismo pos moderno Todos los extremos parecieran juntarse: tal podría ser el caso de ciertos antirracistas que, por preservar las identidades y particularidades a toda costa, no hacen mas que intentar rescatar "la pureza original". Nos referimos a sociólogos y antropólogos que cada tanto descubren un grupo indígena aislado en la inmensa selva amazónica o en las lejanas fronteras del Congo o Sudáfrica y se alistan entuciastamente tras las banderas de la conservación de su pureza frente a las "contaminaciones" del mundo exterior. "Hoy día no faltan disecadores de identidades. Incluso cuentan con la ayuda de los exluidos, que se excluyen a sí mismos en nombre de sus particularidades" "¿Serán los antirracistas de hoy los racistas de mañana?" pregunta Ariane d¨Appollonia. Si las razas no existen desde el punto de vista científico, ¿cómo clasificar a los hombres? Una repregunta ¿por qué catalogarlos? Si todos somos distintos. Convengamos que somos iguales, en que somos distintos. Si tan científicos y precisos deseamos ser, que nos vemos obligados a buscar categorías, seamos exigentes y busquemos una para cada ser humano. Ni clonándolos saldrán dos iguales. Nunca un estudio genético pudo distinguir a un negro, de un indio, de un blanco, de un árabe, de un amarillo, de un judío, de un pelirrojo o de un esquimal. Las razas no existen pero si existe el racismo. Si como vemos, éste no es científico, entonces es cultural. Por lo tanto sostener la preservación de la pureza cultural ¿no es también racismo? A los grupos étnicos que conservan sociedades cerradas es tan malo invadirlos, naturalmente, como rodearlos para intentar preservarlos. Los procesos deberían ser naturales: de conocimiento, pérdida del miedo y finalmente la aceptación de lo nuevo y distinto. Las experiencias del pasado que podemos analizar son fundamentalmente de invasión, colonización o exterminio. Podemos percibir embrionariamente formas de neoracismo pacífico, incluso alegre, que en lugar de denigrar o menoscabar al "racializado" lo enltece, defiende su folclore e insiste en preservarlo de los males de la sociedad. El debate recién empieza. Ernesto Laclau sostiene que:
"La afirmación de un particularismo puro no es ninguna solución para los problemas que encaramos en las sociedades contemporaneas...()...Yo puedo defender el derecho de las minorías sexuales, raciales o nacionales en nombre del particularismo; pero si el particularismo es el único principio válido, tengo también que aceptar los derechos de la autodeterminación de todo tipo de grupos reaccionarios dedicados a prácticas anti sociales ".
"Racismo y Discriminacion en Argentina"
Editorial Catálogos Buenos Aires 2000
Editorial del Congreso NAcional de México 2001
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