Racismo y Discriminación en la Argentina
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Discriminación urbana:
Buenos Aires un caso paradigmático
"No nos mata la oscuridad, sino la indiferencia"
Miguel de Unamuno
"La ley, en toda majestuosa igualdad, prohibe a los ricos, igual que a los pobres, dormir debajo de los puentes, mendigar por las calles y robar el pan".
Anatole France.
Cuando las diferencias de la calidad de la vida y el acceso a los recursos propios de la vida urbana contemporánea entre los habitantes de distintos sectores de una ciudad -servicios sociales, espacios verdes, escolaridad, habitantes por metro cuadrado de construcción y otros- es tan brutal que las estadísticas parecen el trazado de un paralelo entre dos ciudades diferentes, estamos en presencia de una realidad discriminatoria. Esto es algo habitual en muchas de las grandes ciudades del país y de Latinoamérica, en las cuales es posible percibir a simple vista una desigualdad que el "pintoresquismo" de los barrios bajos no consigue disimular. En efecto, resulta chocante ver a grupos de turistas que registran con sus cámaras el colorido pero dramático paisaje de las favelas cariocas, los alrededores de la calle Convención, en Montevideo, el Barrio Alto, en Lima, o algunas zonas de la Boca, en nuestra Capital Federal. Pero el fenómeno está lejos, de ser algo aislado o excepcional: en realidad, se trata de un hecho bastante común en la vida de las ciudades. Sin necesidad de epidemias u otras catástrofes, como ocurrió en Buenos Aires con la fiebre amarilla del siglo pasado, las áreas abandonadas por los sectores más pudientes -por cualquier razón- tienden, al cabo de un tiempo, a ser ocupadas por inmigrantes, ya sea extranjeros o provincianos, y/o por familias de escasos recursos. Con la mudanza de sus antiguos moradores y la llegada de los primeros "foráneos", estos barrios o urbanizaciones pierden status, bajan los avalúos de los bienes raíces y el nivel de los servicios públicos; las mansiones se transforman en inquilinatos y, en síntesis, comienza la degradación urbana. Aquí se inicia un fenómeno curioso, semejante al que da origen al racismo europeo, alrededor del Siglo XVI. Así como entonces fue necesario justificar moralmente la esclavitud y se decidió que los negros eran inferiores (por lo tanto perseguirlos y esclavizarlos a lo sumo constituía un mal menor), ahora se decide que esos extranjeros o provincianos "no saben vivir en forma civilizada". Las actitudes discriminatorias aparecen como un sistema de nostálgica defensa ante la invasión y consiguiente ruptura de los lazos de convivencia y solidaridad de poblaciones que crecen en número, se expanden geográficamente y experimentan cambios en los términos tradicionales de las relaciones sociales. La falta de trabajo aunado con las bajas remuneraciones que perciben aquellos que lo consiguen, la carencia de políticas educacionales adecuadas, la ausencia de servicios asistenciales y de salud, en fin, completan un círculo degradatorio que termina cerrándose con la aparición de la delincuencia, la prostitución y el tráfico de drogas. Como conclusión, la conducta discriminatoria parece la consecuencia de un juicio "normal" para englobar a estos grupos, que, gracias a un retórico artilugio, aparecen como creadores de la situación y no sus víctimas. HISTORIA DE DOS CIUDADES Pero Buenos Aires es, sin duda, una de las urbes del continente en las cuales estas diferencias entre las partes "rica y pobre" se verifica con mayor nitidez. La capital argentina está partida en dos por un eje que hace del Norte y del Sur, de su complejidad edilicia y social, dos realidades separadas por mucho más que la ubicación respectiva en la escala socioeconómica y cultural de sus habitantes. Buenos Aires presenta para muchos de sus habitantes un sinúmero de dificultades atribuibles a una actitud discriminatoria, que se prolonga desde antiguo, pero que las convenciones de la vida social contemporánea hacen inadmisibles. No es un problema reciente ni de fácil solución, y los esfuerzos realizados en el último decenio por recuperar para la ciudad extensas zonas abandonadas durante muchos años, algunas por generaciones, no alcanzan para revertir la situación. Por otra parte, justo es decirlo, las autoridades no han hecho demasiado para eliminar esta distorsión, y hasta podría sospecharse que muchas de las políticas implementadas por los sucesivos gobiernos comunales, han acentuado esta disparidad. Sólo recientemente, y merced a la iniciativa de las instituciones vecinales se ha comenzado a desarrollar un movimiento destinado tanto a crear conciencia sobre el fenómeno de la discriminación urbana en Buenos Aires, cuanto a objetivar la realidad de dicha discriminación. En el marco de esta inquietud colectiva, distintas organizaciones vecinales, con apoyo oficial, organizaron un Congreso sobre la discriminación urbana en Villa Lugano y un segundo encuentro, a mediados de noviembre del mismo año, en San Telmo . Las jornadas tuvieron, como primer objetivo, que las organizaciones no gubernamentales involucradas en el problema y los vecinos de la urbe estrenaran un espacio de reflexión y trabajo, que asegurara en lo sucesivo un desarrollo urbano con equidad. Con el título de El Sur también existe la declaración señala:
"La decadencia de la zona Sur comenzó en 1871, con el abandono de sus viviendas por parte de la población de mayores recursos, como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla. Ha desaparecido la peste, han aparecido nuevos modos de producción, han pasado revoluciones, han caído ideologías, ha pasado más de un siglo y aún ahora no se ha podido, no digamos revertir, sino equiparar la situación de este territorio con los barrios que florecieron en la zona Norte. "El atraso que implicó el abandono de la zona Sur se convirtió en una creciente fuente de pobreza, donde tuvieron su desarrollo toda clase de acciones marginales, una realidad a la que se ven sometidos diariamente 800.000 habitantes. "La existencia de ciudadanos de primera y de segunda categoría está marcada por la línea divisoria de la Avenida Rivadavia. Esto se manifiesta en la calidad de la educación, la salud y los servicios para la población. La ciudad comenzó siendo una y terminó partiéndose por la injusticia. Los indicadores de la región Norte se equiparan a las ciudades del 'Primer Mundo', en tanto que los de la zona Sur se asemejan a las regiones más pobres".
Muestra de esta indiferencia sistemática por la suerte y el bienestar de la mitad de los habitantes de la ciudad es ese vergonzoso manchón llamado Riachuelo. Problema de largo arrastre y respecto al cual nunca se realizaron avances concretos. Una muestra basta para constatar la antigüedad de esta situación injusta y discriminatoria. Hace más de medio siglo publicaba el vespertino La Razón:
"Diariamente se vierten en el Riachuelo 30 millones de litros de aguas cloacales, infringiendo así elementales principios de higiene pública. Por obra y gracia de las autoridades sanitarias, que para resolver el problema técnico de la eliminación por vía fluvial del exceso de residuos cloacales, no encontraron otro procedimiento mejor que el de hacer caso omiso de la técnica y de los intereses de la salud pública; las aguas del Riachuelo han quedado convertidas en verdaderos caldos de cultivos de elementos altamente dañinos y capaces de originar en cualquier momento un brote epidémico de carácter tifoideo o de otra peste de igual o de mayor gravedad" . En 1998 no hay control sobre las 32 toneladas diarias de residuos tóxicos y patológicos que producen los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, buena parte de los cuales son retirados sin mayor control por las empresas concesionarias existentes, o por otros transportes, sin que pueda saberse exactamente dónde se arrojan o cómo se manipulan.
Las estadísticas de la vergüenza Los datos que siguen permiten realizar una radiografía de la discriminación que padecen los habitantes de los barrios del Sur de Buenos Aires, que representan aproximadamente un 30% de la población de la ciudad. En estas áreas se producen el 50% de los delitos, sin olvidar que unos tres millones de personas viven, a ambas márgenes del Riachuelo, en condiciones deplorables de salubridad y soportando periódicas inundaciones de aguas contaminadas. En los barrios del Sur de la ciudad hay nueve veces más habitantes en villas de emergencias que en el norte de la ciudad. El número de ratas por habitante es también mucho mayor en las áreas del Sur que en los barrios acomodados del Norte. Cantidad de personas por centro de atención médica: en Barrio Norte, 659; en Zona Sur, 16.949. Cantidad de escuelas: 23 en San Cristóbal; 104 en Caballito Deserción escolar en el secundario: 75 % en Lugano; 32% en Barrio Norte. Mortalidad infantil: 5 por mil en Caballito; 20 por mil en Barracas, Pompeya, San Cristóbal y Lugano. Espacios verdes por habitante, en metros cuadrados: 0.81 en Almagro; 3,86 en Villa Pueyrredón. Viviendas en las que se vive en condiciones de hacinamiento (conventillos, hoteles, edificaciones tomadas por los "sin techo": 45 % están en la Boca y Barracas; 10%, en Palermo y Belgrano. Comisión de delitos: 10% en Villa Soldati; 4% en Recoleta. Muertes a causa de Sida: 8 % en Lugano; 1,5% en Núñez. Cantidad de escuelas: 740 en la Zona Sur; 960 en la Zona Norte. Alumnos que repiten curso: 5,5% en la Zona Sur; 3,5% en la Zona Norte. Necesidades Básicas Insatisfechas: 11,5% en la Zona Sur contra un 4,5% en la Zona Norte Hay 9 mil camas en hospitales en la Zona Sur y, 14 mil en la Zona Norte Pero no sólo de cifras se nutre esta verdadera "enfermedad urbana". Esa disparidad que surge de los números determina condiciones de vida que un simple repaso a los reclamos vecinales permite situar en una perspectiva justa. Las condiciones ambientales son desastrosas. Hay casas tomadas, ocupación de edificios industriales en desuso y asentamientos bajo las autopistas, donde la gente vive en degradantes condiciones de hacinamiento y promiscuidad y sin servicios esenciales como agua y luz. No se recogen los desperdicios, que se convierten en nauseabundos focos infecciosos. Esos lugares terminan transformados también en basurales y depósitos de coches abandonados, muebles y otros materiales de fácil combustión. Hay 130 vaciaderos clandestinos de basura en la zona ribereña, de la Boca a Puente de La Noria. No existen redes cloacales o son insuficientes e inadecuadas. Casi todas las villas de emergencia de la Capital se encuentran en esta zona. Un gran número de personas vive en conventillos, que cobran un precio abusivo a sus ocupantes y no les brindan las mínimas condiciones de higiene, seguridad y confort. En materia de infraestructura y servicios, las cosas no son mejores. Existe una alta proporción de calzadas y veredas en estado de abandono que constituyen un peligro para personas y vehículos. Faltan semáforos en cruces de alta peligrosidad. Hay áreas con iluminación pública deficiente. Existen zonas que carecen de hospitales, bancos, escuelas secundarias y jardines de infantes. Las salas de primeros auxilios cierran a las 3 de la tarde. Los edificios escolares son obsoletos y les falta mantenimiento. La capacidad de las escuelas es limitada. En contraste, el nuevo código de edificación urbana no pone coto a la hiper construcción en la zona Norte, ni la orienta hacia las áreas del Sur. La presentación de un proyecto a la Legislatura para la modificación de esta realidad irritante es una atribución y una obligación del Estado. Hay menos líneas de colectivos y sus paradas son muy espaciadas. Sigue aumentando la circulación de carros con tracción a sangre, algo que está expresamente prohibido por disposiciones comunales. Se encuentra ampliamente difundido el cirujeo y la mendicidad. Los residuos de bitúmenes asfálticos cubren los suelos cuando baja el nivel de aguas pluviales o de desbordes. Los depósitos abandonados con tanques de reserva de fluídos derivados del petróleo y otros desechos son arrojados al Riachuelo, cuyas orillas se usan para asentamientos precarios. Esta incompleta enumeración de desigualdades puede comprobarse con una simple recorrida por La Boca, Barracas, Pompeya, Boedo, Lugano y otros barrios ubicados al sur de la avenida Rivadavia, pero algunos casos puntuales dan la medida de la desidia. En la avenida Pedro de Mendoza hay desagües de baños improvisados con cañerías de PVC. Fue necesario colocar bajo el Puente Pueyrredón cañerías y redes para retención de basura bajo el agua. En la Vuelta de Rocha los fluidos líquidos son de un alto poder contaminante y en la Vuelta de Badaracco, bajo el Puente Bosch, hay vertederos clandestinos. En el muelle de la Boca hay buques abandonados próximos a hundirse. La Zona V, que comprende Villa Lugano y Villa Soldati, es la única en la que no se privatizó la recolección de residuos y el servicio se brinda sólo dos o tres veces por semana. Otro ejemplo de discriminación: la traza del subterráneo Línea H de Retiro a Pompeya se comenzaría (según el plan oficial) a realizar desde Retiro y no desde el extremo sur. Los fríos datos analizados en el congreso de Villa Lugano pusieron en evidencia una realidad a la cual muchos habitantes de La Reina del Plata vuelven la espalda. Fondo de Reparación histórico Se evaluó en el congreso la diferencia de tratamiento por parte del actual gobierno municipal respecto de las zonas Norte y Sur de la Capital Federal -se lee en el Boletín del INADI-. Se calculó estimativamente en no menos de 1.500 millones de pesos la suma de inversión que permitiría, rompiendo la iniquidad actual en relación con las zonas citadas, revertir este cuadro de injusticia en un plazo de 10 años. "Teniendo en cuenta las dificultades para reunir esa suma de una sola vez, se planteó la sugerencia de aplicar esos fondos a lo largo de una década, con lo que el monto destinado a esta equiparación representaría apenas el cinco por ciento del presupuesto anual de la ciudad". Porque, eso quedó bien claro en las deliberaciones, "se destacó el hecho de que el impuesto municipal se cobra igual en todos lados, pues es el valor de construcción lo que se considera y no el precio del mercado. A la hora de pagar todos pagan, aunque los del Sur tienen menor capacidad económica y sus propiedades son de menor valor". En relación con los objetivos del Fondo propuesto en el congreso de Lugano, se subrayó la necesidad de lograr mayor homogeneidad en los servicios de infraestructura, salud, educación, empleo y vivienda en toda la ciudad. Una de las consecuencias inmediatas del encuentro de Lugano fue que el Gobierno de la Ciudad debió reconocer que hay una situación "de olvido" del Sur, y que no existe un plan estratégico para las áreas más postergadas . Esta carencia de planes para desarrollar las zonas olvidadas se comprueba en la insistencia en aprovechar al máximo otras áreas, atendiendo sólo a sus potencialidades comerciales. Es lo que sucede, por ejemplo, con la recuperación de Puerto Madero. Es obvio que este cuadro de situación desnuda un injustificable abandono de funciones por parte de los gobiernos comunales, que deja librado el planeamiento urbano al capricho de los inversores inmobiliarios y deriva parte sustancial del presupuesto a favorecer estas inversiones en lugar de dirigirlas hacia sectores de la ciudad postergados, de modo tal que cesen las situaciones discriminatorias para un tercio de los habitantes y Buenos Aires se encamine hacia un crecimiento armónico y equitativo. Destacamos las conclusiones de este Congreso y la originalidad del mismo. Estamos frente a un caso inédito: estudiar a las ciudades desde un punto de vista discriminatorio. Los pobres de un lado, los acomodados del otro y un desequilibrio fiscal que no parece componerse nunca. Tan sencillo y tan injusto que despierta unanimidad en la indiferencia.
"Racismo y Discriminacion en Argentina"
Editorial Catálogos Buenos Aires 2000
Editorial del Congreso NAcional de México 2001
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