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El arte que surge a orillas del Riachuelo

En este asentamiento humano incrustado malamente en el barrio de Barracas, cerca del Riachuelo contaminado, tan ajeno a la mirada de los turistas deseosos de consumir la cultura de Buenos Aires, un grupo de jóvenes de la Villa 21 trabaja con ahínco en la creación de una futura Escuela de Cine y Artes Audiovisuales, que planean inaugurar antes de fin de año. Mañana, a las 15, en la Escuela de Cine (Enerc), del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), la vicepresidenta de esa institución, María Lenz, dejará inaugurada la futura escuela de la Villa 21.

La Enerc brindará apoyo docente y técnico a la Asociación Civil Fraternidad del Sur, cuya presidenta es Nidia Zarza, una joven estudiante de derecho, residente en la villa, que hace dos años puso el alma en el proyecto cultural, que procura abrir un porvenir para los nenes de entre 8 y 12 años, que viven en el vecindario. Así lo comentó a LA NACION, el director y productor Víctor Ramos, de la ONG SOS Discriminación Internacional, que también imparte talleres de dirección y producción de cine documental en el asentamiento.

La propuesta de la asociación civil está en sintonía con otros proyectos culturales que voluntarios de ONG locales y extranjeras realiza en favelas de Brasil o villorrios miserables de grandes urbes latinoamericanas.

Ramos filmó en ese vecindario de Barracas, olvidado, de la mano de la dirigencia política, dos documentales. Son Villera soy, cuya producción estuvo a cargo de Nidia Zarza y fue estrenado en el Complejo Tita Merello, y La 21 Barracas , un documental de corte policial, en el que se muestra el enfrentamiento entre jóvenes dentro del asentamiento, que será estrenado a fin de año. También el director Ezio Massa filmó este año allí su película Villa .

El apoyo del Incaa, según contó el productor, se expresará también en un subsidio para el desarrollo de una película experimental de la que se responsabilizarán los jóvenes, que hoy apuestan a la Escuela de Cine y Artes como una salida que alcance a toda la comunidad de la Villa 21. En el lugar, funcionará también una sala de cine. Dentro del programa académico participarán, entre otros, el actor Pablo Echarri, el director de cine Jorge Coscia y la productora Vanessa Ragone (entre sus trabajos se cuentan Ciudad en celo y Cara de queso ), que es profesora en la Enerc.

Cada sábado, Nidia Zarza traspasa las fronteras de esa suerte de gueto de que es la Villa 21 de Barracas, acompañada por voluntarios de ONG. El sábado en que LA NACION recorrió el asentamiento, la fotógrafa Irene Roberts y el camarógrafo catalán Gerald Victoria dieron a los chicos un taller de fotografía y cámara. Los sábados anteriores los chicos habían estado en el atelier-galería del artista plástico Enrique Ponce y en la Plaza de Mayo con una cámara de filmación, para otro taller que dictó Ramos.

LOS NO LUGARES

La Villa 21 es famosa, como otros asentamientos de América latina, por el crecimiento de la violencia y la extensión del consumo y comercialización de drogas. Nidia Zarza cuenta, durante el recorrido con esta cronista, que "el trabajo es arduo y difícil. Estos chicos provienen de familias en las que la violencia es parte de su vida. Cuando se pelean, se golpean muy fuerte. Uno le dice al otro: «Tu viejo es un transa, porque le arruina la vida a gente». Y el otro le responde: «Y a tu vieja se le cayeron los dientes, porque es una puta»".

Con cámaras fotográficas donadas por distintas ONG, los chicos registran la vida cotidiana en la villa. "A mí me gusta sacar fotos de los bautismos, los casamientos y los cumpleaños", dicen Yamila y Vanessa, de 10 años. José y David se descantan por las fotos de familia y del barrio. "Porque cuando nos mudemos -sueñan- vamos a mostrarle a la gente el lugar que teníamos antes."

Hace un tiempo, los habitantes de la villa tuvieron su minuto de fama para la película de Massa. Fueron 180 extras los que trabajaron para Villa . Zarza explica que cuentan con el apoyo de estudiantes de cine de la UBA. "Yo tuve suerte -dice Nidia Zarza-, porque fui catequista desde los 15 años y en la capilla encontré un refugio. Pero estos chicos viven en hogares rotos, con padres presos, y necesitan ayuda psicológica, porque son muy violentos. Somos casi 22.000 personas. Hay muchísimos chicos." La iniciativa cultural ya llegó al escritorio de la próxima vicejefa de gobierno, Gabriela Michetti. Pero la Asociación Fraternidad del Sur todavía no tuvo respuesta. "Estamos acostumbrados al silencio. Los políticos sólo ayudan a los punteros", dice Zarza, con resignación.

El ahínco de la joven se comprende. Ella ha conseguido estudiar con una beca en la Universidad de Palermo y sueña con proporcionarles a los nenes de su villa una opción de vida mejor. La cercanía del asentamiento al Riachuelo -foco de infecciones y enfermedades- trae el recuerdo del faraónico e inexistente proyecto de limpieza prometido por María Julia Alsogaray, durante el menemismo, en los años 90

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